CIERRA EL CHESMERITO TRAS 70 AÑOS DE HISTORIA
Por Héctor Cobá
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De libros prohibidos de y en México se enteraba uno en el lugar, ver críticas gráficas a Fidel Velázquez, “combeber” con doctos fotógrafos de escritores, presentar revistas y encontrar amigos y amigas. Solicitar cerveza León Negra y quedar en la carta, algunos años. Incluido el panteón gráfico de clientes fenecidos. Oír sonoros golpes en la lámina de un auto, camino la puerta del lugar, tras rebasar la entrada para seguir su camino se vio que era una mujer, la que exigía más botana y más cerveza, esto en el siglo XX.
A las 15:55 horas del último día del año 2025 se inicia este texto acerca de 70 años de historia de un lugar a donde las palomas entraban igual que cualquier parroquiano, al número 287 de la calle 10 entre 61 y 63 en el Centro Histórico de Campeche. Lugar visitado un día antes.
Adiós a las botanas de guacamole de aguacate criollo, del sikil pak de pepita molida de calabaza, de la roja remolacha o betabel. Adiós al picadillo con chícharos y papa, al chicharrón entomatado o seco y el suculento frijol refrito con tostadas fritas de maíz, jícama o rodajas de pepino curtido; queso de puerco, castakán y buche de lo mismo, bien curtidos con naranja agria, acompañados de cebolla y tomate; y el inevitable platito de limón con sal más el recipiente para no tirar al suelo la cáscara de los cacahuates tostados .
En el lugar aludido quien pergeña convivió con el caricaturista de La Jornada Manuel Ahumada (QEPD), el fotógrafo de escritores por cinco décadas Rogelio Cuéllar, del director y profesor de teatro Ignacio Escárcega, el articulista Carlos Cervera, el caricaturista Guadalupe Alegría Lara (QEPD). Solicitó cerveza León Negra, que se incluyó en el menú… y presentación de la revista Entre Letras. Gaceta de la Sociedad Artística y Literaria de Campeche.
70 años de historia de una cantina tradicional como El Chesmerito cerró sus puertas el 31 de diciembre de 2025, a las 20 horas, en el Centro Histórico de la ciudad de Campeche. En el lugar sin pensarlo mucho existía mucha libertad, sí, mucha libertad. Basta citar el ejemplo de la conferencia del dibujante, caricaturista y escultor Ahumada; éste en los tiempos del sindicalismo de la CTM (Confederación de Trabajadores de México) expuso y vertió dura crítica al otrora eterno dirigente cetemista Fidel Velázquez. Conferencia organizada por la Unión de Periodistas de Campeche, presidida por Wilbert Casanova Villamonte y el vicepresidente Javier Castillo.
De entrada, el autor del cronista de sueños urbanos y dibujante de ángeles de libertad solicitó a sus anfitriones una cubeta de zinc, cebollas, tomates, ajos, chiles jalapeños. El público intrigado, que llenó el reservado del lugar (¡cómo no, si habría chelas gratis!) además de aire acondicionado, no entendía la razón del recipiente y de las hortalizas; él ejemplificó los insultos con una cabeza de ajo, la cebolla, tomate y los chiles serranos, expresiones miles de veces caricaturizadas en lugar de mentadas de los mexicanos a sus coterráneos. Eso y más hizo el historietista que publicaba una parte de su trabajo en el cotidiano La Jornada.
En otra ocasión acompañado del editor de la revista Tequio (editada en Campeche, un solo número) Alonso Salinas León y este servidor profesaban un afecto común por un agua negra amarga llamada León Negra, imposible de conseguir en este siglo XXI. Llegamos de un municipio de Campeche y pedimos de broma una León Negra, dijeron que ¡sí había!, y llegó una Negra Modelo, la que rechazamos; antes de salir del lugar se acercó a nosotros el diligente mesero y encargado posterior del abrevadero Felipe Ávila, y preguntó que se solicitó y se le dijo que León Negra, amable respondió la próxima que vengan la tendrán. ¡Cumplió! Asiduos veían con sorpresa la cerveza, “mira hay de esa aquí” y otros comentarios. Se supo que se consumían hasta tres cartones.
Tras varios días de impartir el taller de técnicas de investigación documental, en diciembre de 1985, tocó compartir mesa en El Chesmerito con Ignacio Escárcega, ya que una vez sólo asistió este escribidor, y le dije, ¿y si vamos por una chela? Lo que aceptó, así sufrió nuestro abandono lo que hoy es La Chácara –ahora centro de cultura infantil y juvenil La Chácara del Instituto de Cultura y Artes de Campeche– frente a la Biblioteca Pública Central del Estado “Licenciado Francisco Sosa Escalante”. Valió la pena la escapada, al saber que en Francia hay un vademécum de libros prohibidos sobre el país mexicano. Incluido uno horroroso acerca de Benito Juárez.
La escritora Enzia Verducci en su función de directora del Instituto de Cultura de Campeche pidió “lleva, por favor, a Rogelio a tomar una cheve”. Rogelio Cuéllar, autor del proyecto de investigación 250 retratos de la literatura mexicana, cuyo fin es la investigación, preservación y difusión de las fotografías de escritores tomadas por él durante los últimos 50 años, que se muestran en el sitio web https://www.rogeliocuellar.mx/. “El tío Rogelio”, conocido por los reporteros de cultura de la Ciudad de México compartió mesa con el reportero firmante.
Incluso en una visita en compañía del articulista Carlos Cervera, luego de la charla de rigor, de libros, cultura, de periodismo y talacha periodística. Notó que cerca de nosotros estaba la también reportera Sara Estela Tamez acompañada de otra dama, a las que con respeto invitó un par de cervezas, él expresó que bueno que están aquí, me gusta que las damas entren a estos lugares”.
Asimismo, de mucho valor en oro fue ver a la progenitora de un abogado que llegaría a ser secretario del gobierno campechano –entre 1990 y 1998– aporreando la puerta del auto (ruidoso reclamo para que le renovaran la bandeja laminada llena de platitos de botana y su respectiva amarga) de su esposo, quien fue corresponsal del Excélsior, degustaba sus botanas y bebidas -el siglo pasado- dentro del hoy bebedero cerrado; parece, por una temporada, hasta que salga un aprovechado y quedarse con el local ameritado y bien posicionado.
Por último, con el caricaturista Guadalupe Alegría Lara (QEPD), compañero de estudios en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Campeche (UAC) fuimos a El Chesmerito a un “dos como la gente”; sin embargo, se “nos pegó” el dirigente de los locatarios del mercado Pedro Sainz de Baranda don Fernando. La seguimos en otro lugar, y al retirarnos el locatario mayor platicó con los policías, junto a la patrulla, lo que le pareció a mi amigo fui detenido. Nada de eso sucedió, pero mi familia se angustió por “mi detención”. Asunto que supe al llegar a casa un rato después.
La nota fúnebre al final, el panteón gráfico de los clientes fallecidos. Seguro en ningún lugar de Campeche, en otros municipios ni en los otros dos estados de la Península de Yucatán hay un panteón gráfico con clientes: ingenieros, trovadores, empleados del gobierno, exmeseros y clientes apreciados.
Tocó ser padrino de entrada a El Chesmerito de la historiadora Paty Acal (su primera vez en abril de 2022) hecho de gran importancia, aunque el lugar era de su tío José Acal nunca había entrado. No es todo, se recuerda haber estado ahí –en diferentes momentos– con Ariadna Villarino, Iliana Pozos, el poeta y ensayista Enrique Pino, al amigo de ahora y de la juventud Jorge Luis Pérez Cortázar, a los reporteros* Wilbert Casanova y Roger Cornelio, con los que se platicó y bebió en el lugar “ya desaparecido”. Acal visitó de nuevo en septiembre el bebedero con el narrador campechano y autor de muchos libros y del reciente Lluvia de noche y otras acanalladas narraciones Carlos Vadillo, ambos acompañados de sus respectivos cónyuges.
En serio que se va a extrañar la más que buena atención de José Tuyu en la barra, de la bonhomía amabilidad de Celia Martínez, a la viuda del dueño doña Socorro Rendis… de Manuel Esteban Sierra Acal (QEPD), de Felipe Ávila –jubilado–, y de Lesho (Alejandro Torres Ledezma) quien regaló con detalle una receta de ensalada de chivita –similar a la de camarón–.
Se supo que algunos clientes habituales estuvieron en la despedida.
*Este par atestiguó la tristeza de doña Soco, casi a punto del llanto, con la que platicaron de bastantes recuerdos.
Este testigo comprobó el 2 de enero, a las 14 horas y minutos, las puertas cerradas, en una hora que siempre estuvo abierto el sitio.
La lista de cosas es larga, pero estas líneas son una parte del recuerdo se desea permanezca en los lectores y parroquianos de El Chesmerito… (Fotos Celia Martínez, Roger Cornelio y Héctor Cobá).
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