domingo, 26 de julio de 2026

La queja no trae nada positivo.

 La queja tiene un efecto casi imperceptible pero constante: convierte una carga soportable en una insoportable, no porque la carga cambie, sino porque la energía que debería usarse para sostenerla se gasta en repetir cuánto pesa. 


El que se queja del tráfico llega igual de tarde, pero llega además exhausto de haberse enojado con algo que no podía controlar. 


El que se queja de un trabajo exigente sigue teniendo que hacerlo, solo que ahora lo hace con menos claridad mental de la que tenía antes de empezar a reclamar. 


El que se queja de una carga familiar sigue cargándola de todas formas, pero la carga se siente el doble de pesada cuando se sostiene resentida en vez de sostenerse en silencio.


Marco Aurelio no pedía resignación. Pedía algo más exigente: distinguir entre lo que de verdad no se puede cambiar, y dejar de malgastar fuerza discutiendo con ello.


Si es soportable, sopórtalo.

Y ahorra la energía que gastarías reclamando

para lo que sí puedes cambiar.




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